En primera instancia no tenía la intención de ir, pero en un minuto estaba tirado frente a la computadora y al otro ya tenía la entrada en la mano buscando un asiento discreto para observar sin ser observado.
Así pensaba, en el momento que miraba mi reloj, al mismo tiempo que llegaba el tren al andén. Y en verdad, la excusa no era del todo falsa porque si bien no tenía la intención de perturbar su acto y no querer ir, era totalmente falso que que todo hubiese sido impulsivo. Cada detalle estaba estrictamente analizado y calculado. Desde salir tarde de mi casa hasta lo más rebuscados diálogos posibles a cualquier situación (hipotéticamente hablando) .
La única variante que se podía salir de "la media" era "el tiempo en el metro", pues, cualquier desplazo a la derecha o a la izquierda podría hacer que mi plan se derrumbase como quien sopla un castillo de naipes. Sin embargo, el viaje no tuvo mayor complicación.
Caminando repasaba mis líneas y evitaba las personas que pudiesen ir al concierto. Tú sabes, uno los conoce, todos son iguales, vestidos iguales, los mismos tipos de lentes. De esos era yo. Era invisible a ellos porque era igual a ellos. Mi único problema, ahora, no era llegar o no a tiempo. Era comprar una entrada sin ser visto o reconocido por cualquier amigo, amiga, compañera, compañero, amigo ocasional, conocidos, parientes que de seguro estaban desde muy temprano para ver a La Cantaora': Mi Cantaora'. Este problema era mucho más grave de lo que todos ustedes suponen. Por una parte estaban nuestros amigos en común y por el otro "todos los demás". Los demás, eran los más peligrosos porque muchos no tenían rostro. Describiendo, mi Cantaora' es realmente acertada y a cualquier persona a la que ella me hubiese descrito me reconocería en el acto.
La solución era simple: sólo me faltaba encontrar una abuela(siempre hay una o dos) y explicarle mi motivo excesivamente cursi y pedirle en "favor de urgencia" que comprase la entrada por mi.
Al fin la encontré y la abuela con una mirada de comprensión y ternura accedió de a comprarme la entrada no sin antes cersiorarse de que el billete no era falso y grabando permanentemente en su memoria cada uno de mis facciones y mi tono de voz.
Una vez con mi entrada y eternamente agradecido con la abuela, a la quien besé con tanta emoción que me dijo un tanto sonrojada e imitando un acento español que no tenía, pero que muy bien conocía: "Guarda un poco de esa emoción para besar a tu Cantaora' de ojos verdes" a lo que contesté en un tono jocoso y sonreído: "para ella tengo de sobra". Conseguir un asiento fue un tanto más fácil, sólo tenía que pedirle el favor a uno de los muchachos de protocolo que me llevase a un asiento estratégicamente ubicado de acuerdo a mis exigencias: "observar sin ser observado". Los aplausos ansiosos no se hicieron esperar y al poco tiempo, hizo presencia en escena.
Estaba tal como me la había imaginado, un vestido negro con un corpiño que resaltaba su figura. El vestido largo cubría sus pies, y si no los veía me los imaginé muy bien: sus pies delicados calzados en hermosas sandalias negras. El maquillaje, aunque no podía detallarlo desde mi asiento, lucía muy natural y al parecer habían hecho resaltar sus grandes ojos verdes o yo los veía con más atención. Sonreía y hasta cierto punto, era inevitable porque la iluminación se hacía sobre ella, pero más que eso apostaría a su brillo natural.
El guitarrista y acompañante dió las últimas afinaciones a su instrumento, golpeó el piso ligeramente con el pie y sustuvo la mirada a mi Cantaora' y hasta creo que se le olvidó por un segundo donde estaba, a lo que ella respondió con otra sonrisa a "seña de afirmación".
Se escuchó la guitarra sonar bajo los movimientos geniales de su portador. Entró una voz melodiosa que nunca había escuchado. Cerré los ojos para escuchar con atención su voz. Disfruté, cual niño, la primera canción y la sonrisa estúpida no se me borraba del rostro.
Todos prorrumpieron en aplausos y fue el único en no levantarme y esto fue la causa del fracaso de mi bien pensado plan. La mirada se fijó en el único hueco que existía entre el público. No sé si me reconoció en seguida, pero las demás canciones si bien no eran para mí, me las atribuí lo que me ocasionaba un éxtasis y una sonrisa idiota que ¡juro por lo que más quiera! no quiero verla otra vez dibujada en mi rostro.
Seguía sus movimientos en el escenario, disfrutaba de su voz, de las letras de sus canciones, y los solos del guitarrista, que en otras circunstancias, hubiesen tenido mi plena atención.
Después, de 50 minutos y ocho canciones (dos de ellas las pidió el público al unísono: ¡otra, otra!).
Terminado el acto aplaudieron hasta el cansancio, entre los que me incluyo. Agotado debido a toda la energía psíquica que usé, me senté un momento recuperando fuerzas para poder siquiera levantarme.
El mismo muchacho de protocolo, tocó mi hombro y solté un: "ya me voy. Disculpa". Me dijo que me tomara un tiempo, pero no mucho porque me esperaban. Se hizo un abismo en mi estómago, había sido descubierto. Mis líneas se borraban poco a poco y sin darme cuenta seguía a un muchacho que me llevaba a un lugar "detrás del telón".
Al llegar, estaba mi Cantaora. Sonreía y sonrojada me hizo una seña, me acerqué y empecé a recitar:
"En primera instancia no tenía la intención de ir pero- -".
Un golpe en el hombro calló mis discurso y un abrazo seguido de las palabras con tono amistoso: "¡cállate gafo, ya sabía que estabas aquí".
En ese momento, no lo había notado pero ahora su belleza era más perceptible y aunque el sudor le había arruinado un poco el maquillaje, aún podía ver esos ojos frente a mi.
Le pregunté quién le había dicho y la respuesta "mi abuela" me dejaron totalmente fuera de base y con la boca entreabierta y las palabras atascadas, me explicó que su abuela la había llamado a su celular para "alertarla" de un "muchacho misterioso" que iba de incógnito, pero que había reconocido inmediatamente.
"De hecho-me dijo- después de la primera canción te busqué a ver si te encontraba... y si te hubieses levantado, seguro no te hubiese encontrado".
Nos fuimos juntos y me presentó a todos aquellos que no conocía, saludé a los que conocía. A los "demás" procuré observarlos bien para no olvidarlos. Los entretuve contándoles mis "movimientos calculados" y siendo objeto de burlas por ser descubierto por una abuela "más pila que tú".
Nota: Las expresión "pila" se refiere a la capacidad de vivacidad o habilidad para observa y entender algo.
