lunes 15 de septiembre de 2008

No soy delincuente...

Créanme cuando les digo que no soy un delincuente… de otra forma, ¿por qué no digo malandro, choro, tuky, etc?. No, yo prefiero decir “delincuente” aunque te suene mal al oído y me digas “maricón”. ¿Y qué si lo soy?. Pero no estoy hablando de mis tendencias sexuales, estoy diciendo que no soy un delincuente. Por eso, me parte las bolas que las viejas me vean mal porque no me visto como sus hijos idiotas o porque no estudio una carrera “decente” como Ingeniería. No, yo prefiero las humanistas, y a la larga, no entiendo qué tiene que ver la ropa y mi forma de vestir con la carrera que estudio. Si yo estudiase Ingeniería, créanme que me vestiría igualito como me estás viendo ahorita. A veces, hasta me imagino hablándole al hijo de la vecina haciéndole una pregunta que lo deje en ridículo en frente de su mamá. Porque ese tiene de ingeniero lo que yo tengo de actor porno… Es un completo idiota, no sabe ni contarse los dedos. La otra vez lo ví contando con los dedos antes de pagar ¿qué clase de ingeniero hace eso?. Eso me lo dejan a mi, que de tanto leer, lo único que cuento son las páginas que me faltan de un libro o leo y trato de memorizar el número de página para volver luego a la lectura. Y sin embargo, con todo lo que sufrí de niño aprendiéndome todas las “tablas” que si la de multiplicar, sumar, restar, dividir… con dificultad, me vean contando con los dedos para pagar.

Cuando voy por la calle no sé que le pasa a la gente que me ve por encima del hombro. No sé, como que se les hubiese perdido uno igualito a mí… Hay veces que suelo ser muy pasivo-agresivo, como la vez que el tipo del metro puso su brazo por encima del respaldar… ¡Ahhhh! Era horrible… no sabes la neurosis que me causó su enorme brazo pasando grotescamente el respaldar y rozando mi campo visual… lo odié… quise matarlo… lo hubiese hecho de no haber sido por las reglas que nos obligan a convivir. No matarás, eso dice la Biblia. Pero ¡por la Biblia misma! me dieron ganas de matarlo. ¿Por qué no había un ley que dijera: “manténgase en su espacio personal y no lo viole a menos que tenga permiso del otro”?. Probablemente, porque hubiese sido importante sólo para mi. Y Dios mismo me hubiese dicho: “Hijo… usted está jodido…eso no lo puedo hacer”.

¿Qué dices? ¿Qué sólo soy un neurótico-loco-agorafóbico que odia al mundo? ¡pero por supuesto que lo soy! ¿Acaso que tú no?. No me vengas con sermones, yo sé que tú harías lo mismo que yo y aún peor. Yo no me atrevería a matar por más que quiera. A menos que sea sutil, como veneno, un mamba negra, escorpión, plomo debajo de la cama, pero nunca como tú. Tú los despellejarías vivos si hicieran la cuarta parte de lo que me pasa a mi a veces. Yo por el otro lado, prefiero irme y ver con una cara repulsión tan grande que el otro se quede avergonzado. No sabes la satisfacción que eso me causa. Pero tú no, no eres sutil, eres todo avalancha… que la vieja vecina esa te vea como me ve a mi todo los santos días en el ascensor sólo por tener converses, un libro viejo y feo, un bolso de lado y lo más imperdonable: una franela verde, que ella asocia siempre con marihuana. A veces, lo que hago es, antes de salir me pongo una franela y encima la franela verde para que la vieja me vea con asco y yo me ría detrás de ella por su enorme ignorancia. Luego me la quito y me voy tranquilo esquivando autos. Pero sabes que tú no harías eso. Seguro le dijeras algo así como: “¿Qué te pasa vieja de mierda? ¿tu marido no te cogió bien anoche? ¡Ah, se me olvidaba que eres viuda!”, y si se pusiera cómico el mariquito de su hijo, seguro le dieras puñaladas hasta por debajo del culo. Pero yo no soy punk como tú. Yo prefiero la sutileza, pega loca en la cerradura, cerrarle la puerta en la cara, orinarme en frente de su puerta, patear a su perro, cogerme a su hija menor (a ella le gustan los “marihuaneros” ). Pero ojalá la pudiese matar, a ella, a su hijo, y a todos los imbéciles que me ven mal. A veces, quisiera ser como tú.